lunes, 5 de noviembre de 2012

La gran prueba, la gran hazaña

Benoit festejando su triunfo

La hora del gran reto había llegado. Joan Benoit contaba con dos triunfos en la maratón de Boston y una maratón de Eugene en la espalda, sin embargo el reto de 1984 era mucho más grande. Tenía que conquistar la gloria.
Por primera vez en todos los Juegos Olímpicos, el Comité Olímpico Internacional había aprobado la decisión de incluir la rama femenina en la prueba de la maratón del deporte de atletismo. Había que buscar una ganadora, una atleta se convertiría en reina ese año, en la reina de la maratón. Fueron pasando los días de competencia, hubo varios récords, una serie de sucesos históricos, pero aun faltaba uno.
La competencia llegó. El sonido de la pistola se escuchó y una multitud de mujeres pusieron en marcha sus piernas, su cuerpo y comenzaron a recorrer los 42 kilómetros, 195 metros. Desde un inicio, Joan Benoit tomó la delantera. Tomó rápidamente la iniciativa y decidió alejarse del grupo, correr en solitario. En ese entonces los rumores eran que Benoit no acabaría la carrera, que el resto físico no le sería suficiente para aguantar la distancia mencionada. Además, las condiciones climáticas eran de un elevado calor y humedad, todo hacía indicar que estaba tomando una decisión suicida.
Sin embargo, Benoit cambió la historia. Escribió su propio destino, su propia historia y lo hizo a su ritmo. Entró al estadio olímpico con una amplia ventaja sobre sus contrincantes, nunca fue alcanzada. Logró la presea de oro, cumplió el reto. Se convirtió en la reina de la maratón. Obtuvo un tiempo de 2h 24’ 52’’, este fue batido recién en los Juegos Olímpicos Sydney 2000, dieciséis años después.
El segundo lugar lo obtuvo la noruega Grete Waitz y el podio lo completó la portuguesa Rosa Mota.

Vídeo de la carrera:


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