| Benoit festejando su triunfo |
La hora del gran reto
había llegado. Joan Benoit contaba con dos triunfos en la maratón de Boston y
una maratón de Eugene en la espalda, sin embargo el reto de 1984 era mucho más
grande. Tenía que conquistar la gloria.
Por primera vez en todos
los Juegos Olímpicos, el Comité Olímpico Internacional había aprobado la
decisión de incluir la rama femenina en la prueba de la maratón del deporte de
atletismo. Había que buscar una ganadora, una atleta se convertiría en reina
ese año, en la reina de la maratón. Fueron pasando los días de competencia, hubo
varios récords, una serie de sucesos históricos, pero aun faltaba uno.
La competencia llegó. El
sonido de la pistola se escuchó y una multitud de mujeres pusieron en marcha
sus piernas, su cuerpo y comenzaron a recorrer los 42 kilómetros, 195 metros.
Desde un inicio, Joan Benoit tomó la delantera. Tomó rápidamente la iniciativa
y decidió alejarse del grupo, correr en solitario. En ese entonces los rumores
eran que Benoit no acabaría la carrera, que el resto físico no le sería
suficiente para aguantar la distancia mencionada. Además, las condiciones climáticas
eran de un elevado calor y humedad, todo hacía indicar que estaba tomando una
decisión suicida.
Sin embargo, Benoit cambió
la historia. Escribió su propio destino, su propia historia y lo hizo a su
ritmo. Entró al estadio olímpico con una amplia ventaja sobre sus
contrincantes, nunca fue alcanzada. Logró la presea de oro, cumplió el reto. Se
convirtió en la reina de la maratón. Obtuvo un tiempo de 2h 24’ 52’’, este fue
batido recién en los Juegos Olímpicos Sydney 2000, dieciséis años después.
El segundo lugar lo obtuvo
la noruega Grete Waitz y el podio lo completó la portuguesa Rosa Mota.
Vídeo de la carrera:
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